Hacia una sociedad que cuida.

Publicado el 17 de abril de 2026, 18:53

La pandemia de Covid-19 no solo fue una crisis sanitaria. También puso delante de nuestros ojos algo que ya pasaba desde hace tiempo: el sistema de cuidados está roto y, además, recae sobre los hombros de las mujeres de forma muy desigual.

Cuando hablamos de cuidados nos referimos a muchas cosas: acompañar a personas mayores, atender a personas dependientes, cuidar de niñas y niños, ayudar en la enfermedad, pero también garantizar vivienda, educación, salud o una red de apoyo cuando la vida se complica.

El problema: una crisis de cuidados invisible

Durante años hemos organizado los cuidados dando por hecho que siempre habría alguien en la familia, normalmente una mujer, disponible para cuidar. Pero la realidad ha cambiado:

  • Vivimos más años y eso significa más tiempo necesitando ayuda y apoyos.

  • Las mujeres están más presentes en el mercado laboral y tienen menos tiempo “libre” para cuidar.

  • Las familias son más pequeñas, más diversas y a menudo viven lejos unas de otras.

  • Los servicios públicos son insuficientes y se han privatizado muchos recursos.

Ese agujero se ha llenado de dos formas que también son injustas:

  • Un “cuidatoriado” invisible: mujeres que cuidan sin cobrar, sin derechos y casi sin reconocimiento social.

  • Trabajo de hogar y cuidados muy mal pagado, que suele recaer en mujeres migrantes, con menos protección y más riesgo de explotación.

Al final, cuidar se convierte en una carga que empobrece a muchas mujeres: reducen jornada, dejan trabajos y se encuentran con pensiones más bajas y más inseguridad económica.

Poner el cuidado en el centro

Frente a esta realidad, diferentes autoras feministas y profesionales del ámbito social proponen mirar el cuidado de otra manera. Algunas ideas clave son:

  • El cuidado no es solo algo privado de las familias; es una cuestión política y social.

  • Todas las personas somos vulnerables e interdependientes: a veces cuidamos y otras veces necesitamos ser cuidadas.

  • Una sociedad justa no puede construirse si el cuidado se apoya en la desigualdad de género, de clase o de origen.

Por eso se habla de “cuidado como derecho social”: el derecho a cuidar y a ser cuidado en condiciones dignas, con apoyo público y sin que ello suponga pobreza o exclusión.

Hacia una sociedad cuidadora

El documento en el que se basa esta infografía propone avanzar hacia lo que llama una “sociedad cuidadora”. ¿Qué significa?

  • Que el Estado asuma su papel: servicios públicos suficientes, de calidad y con buenas condiciones laborales para quienes trabajan en ellos.

  • Que la comunidad se fortalezca: redes vecinales y comunitarias que acompañan, apoyan y no dejan a nadie solo, siempre complementando y no sustituyendo la responsabilidad pública.

  • Que la familia siga siendo un espacio de cuidado, pero con corresponsabilidad real entre hombres y mujeres.

  • Que la responsabilidad no recaiga solo en las personas con menos recursos o en las mujeres migrantes, sino que se reparta de forma más justa.

Algunas autoras hablan de “democracia cuidadora” o de “sociedad cuidadora” para destacar que cuidar no es un asunto menor: es una forma de organizar la economía, la política y la vida cotidiana para que todas las personas puedan vivir con dignidad.

¿Por qué te hablo de esto?

Porque, si no hablamos de cuidados, parece que lo que pasa en las casas, en las residencias, en los hospitales o en los barrios no formara parte de la vida pública. Y sin embargo, ahí se juegan derechos tan importantes como la igualdad, la libertad real o la posibilidad de participar en la sociedad.

Reconocer el valor de los cuidados es un paso necesario para cambiar el modelo. El siguiente es preguntarnos: ¿qué estamos dispuestas y dispuestos a hacer, como personas, como comunidades y como sociedad, para construir una verdadera justicia del cuidado?

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