Senior cohousing: cuando las personas mayores diseñan su propia forma de envejecer.

Publicado el 15 de febrero de 2025, 17:15

En los últimos años se habla cada vez más de senior cohousing o vivienda colaborativa para personas mayores. No es una moda, es una respuesta muy concreta a tres problemas que muchas personas mayores nos repiten en los servicios sociales: desatención, soledad y rechazo a los modelos residenciales tradicionales.

En este post quiero explicar de forma sencilla qué es el senior cohousing, cómo ha ido llegando a España y por qué puede ser un complemento interesante a los recursos de la Ley de Dependencia. La infografía que acompaña la entrada resume las ideas principales para quienes prefieren una mirada rápida y visual. (Infografía realizada por IA).

¿Qué es el senior cohousing?

Se usa el término vivienda colaborativa como paraguas para diferentes modelos, pero todos comparten tres rasgos: autogestión, apoyo mutuo y vida comunitaria.

  • No son “residencias encubiertas”, ni comunas. Cada persona tiene su vivienda privada y su economía, pero comparten espacios y algunos servicios.
  • El grupo diseña y gestiona el proyecto: deciden cómo quieren vivir, qué normas se dan y qué apoyos necesitan, (nadie decide por ellos).
  • El objetivo no es solo “ahorrar gastos”, sino construir una comunidad de personas que quieren envejecer juntas, con proyectos de vida significativos (mismos intereses, distintas necesidades).

En la infografía se resume así: viviendas colaborativas, comunidades intencionales y proyectos que ponen en el centro la autonomía, la participación y la vida en comunidad, más que la idea de “ser atendidos”.

Los “co” del cohousing: más que una palabra de moda

El texto identifica varias formas de entender ese “co” que nos ayudan a explicar el modelo a quien no lo conoce:

  • Co de vivienda colectiva: hay espacios comunes (sala, comedor, lavandería, huerto, etc.) que se usan y se financian entre todas, mientras cada cual mantiene su espacio privado.
  • Co de vivienda colaborativa: no se trata solo de compartir gastos, sino de organizar actividades, cuidarse mutuamente y, en algunos casos, co‑diseñar la propia vivienda.
  • Co de cooperativa: muchos proyectos se organizan jurídicamente como cooperativas de cesión de uso, donde las personas socias son también residentes y toman las decisiones clave.
  • Co de comunidad: algunos grupos se definen como comunidades intencionales, con determinados valores (ecología, espiritualidad, LGTBI, feminismo, etc.).

Esto encaja muy bien con una mirada de envejecimiento activo y con una idea de ciudadanía en la vejez que va más allá de “recibir cuidados”: aquí las personas mayores se organizan, negocian con la administración, crean redes y proponen soluciones concretas, siguen dirigiendo sus vidas.

Primera ola: cooperativas de mayores frente a la desatención

En España, se habla de dos “olas” de proyectos.

La primera se inicia en los años 2000, con cooperativas de personas mayores que construyen y gestionan directamente un centro residencial. Nacen de una preocupación muy clara: personas mayores que no encuentran plaza pública, no pueden pagar una residencia privada y no quieren cargar a la familia con su cuidado.

Estas cooperativas:

  • Buscan asegurar apoyos asistenciales sin abandonar su pueblo o barrio.
  • Rechazan el modelo de “geriátrico” vivido como desarraigo, pérdida de intimidad y de capacidad de decisión.
  • Diseñan centros que cumplen la normativa residencial, pero se parecen más a apartamentos con servicios y con una fuerte vida comunitaria: actividades culturales, espacios compartidos, participación en la organización diaria.

Se ve un cruce interesante con la Ley de Dependencia: son proyectos que se sitúan en la frontera entre el recurso “residencia” y la vida en comunidad, y que intentan aplicar modelos de atención centrada en la persona dentro de un entorno autogestionado.

Soledad no deseada y límites del “envejecimiento en casa”

Otro punto clave es la soledad. Las políticas que apuestan por “envejecer en casa” garantizan seguridad y ciertos apoyos domiciliarios, pero no resuelven el aislamiento ni la falta de relaciones significativas. Muchas cooperativas se presentan también como respuesta a esa soledad: quieren construir una comunidad de iguales con quienes compartir la vejez.

Esto no es fácil. Cuanto más pesa la función asistencial (servicios, cuidados, dependencia), más riesgo hay de que el proyecto se parezca a una residencia clásica. Por eso algunos grupos, ponen el foco en la convivencia y el proyecto comunitario, y van incorporando apoyos profesionales a medida que surgen necesidades, aprovechando los recursos públicos del municipio.

Desde la intervención social, esto plantea un reto interesante: cómo combinar apoyo mutuo, servicios públicos y sostenibilidad económica sin perder el sentido comunitario del proyecto.

Segunda ola: comunidades intencionales y nuevos aliados

La segunda ola, que todavía está en desarrollo, agrupa proyectos más diversos: no se centran solo en compartir servicios asistenciales, sino en construir proyectos de vida comunitaria alrededor de valores concretos.

Algunos ejemplos:

  • Grupos que quieren abrir su cohousing al barrio, ofreciendo actividades y apoyo mutuo a otras personas mayores.
  • Proyectos impulsados por personas LGTBI que buscan envejecer en un entorno seguro y libre de discriminación.
  • Comunidades con un componente espiritual o ecológico muy marcado, que apuestan por estilos de vida más sostenibles o alejados de la ciudad.

Aparecen también nuevos actores: equipos de “facilitación” que ayudan a crear grupos, buscar suelos, negociar con la administración y diseñar arquitectónicamente los espacios, y ayuntamientos que empiezan a ver estas iniciativas como innovación social y prevención de la dependencia.

En la infografía lo podemos ver como una segunda ola centrada en proyectos de vida significativos, transformación social y conexión con el entorno urbano: ya no se trata solo de “dónde me cuidan”, sino de “con quién quiero vivir y qué quiero seguir haciendo en esta etapa de la vida”.

¿Qué aporta el senior cohousing al sistema de cuidados?

Si miramos estos proyectos desde la política pública y la intervención social, hay varias ideas a destacar:

  • Refuerzan la autonomía: las personas mayores dejan de ser solo usuarias de recursos y pasan a ser protagonistas del diseño de su propio entorno, son ciudadanos de pleno derecho, no usuarios y usuarias.
  • Previenen la dependencia: el apoyo mutuo, la vida activa y la participación comunitaria pueden retrasar situaciones de deterioro y reducir ingresos evitables en recursos más intensivos.
  • Abren debate sobre el papel de las administraciones: algunos municipios empiezan a ceder suelo o a explorar fórmulas mixtas donde la vivienda colaborativa se integra en la red de recursos de proximidad.

No son la solución para todas las personas mayores, ni sustituyen a la red de servicios básicos financiados por el sistema de dependencia. Pero sí nos obligan a pensar en modelos más flexibles, donde la cooperación entre ciudadanía organizada y administraciones públicas permita diseñar respuestas más diversas y ajustadas a los deseos de las personas.

Para seguir la conversación

Si te interesa el senior cohousing porque estás pensando en tu propio proyecto de vida, trabajas en servicios sociales o formas parte de alguna asociación de mayores, te invito a:

  • Revisar la infografía que acompaña este post, donde se resumen pilares, historia y claves del movimiento en España.
  • Compartir tu experiencia o dudas en los comentarios: ¿te imaginas viviendo en una comunidad así?, ¿qué apoyos y qué garantías públicas considerarías imprescindibles?

En las próximas semanas seguiré abordando otros modelos de cuidados y recursos vinculados al sistema de dependencia, siempre con una pregunta de fondo: cómo queremos envejecer y qué responsabilidades compartimos como sociedad para que eso sea posible.

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